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  • Orlando Márquez

Desde el Jardín

En la edición dominical del 23-1-94, Juventud Rebelde presentaba un trabajo interesante titulado “Flores de la 5ª Avenida”, interesante además por haber hecho público un trabajo sobre la prostitución, algo inusual en nuestros medios, y no por ello escaso en nuestras calles.

A partir de una encuesta realizada a “decenas de personas” y “entrevistas con 33 de ellos”, los investigadores y autores de este trabajo nos presentan los ejemplos de tres “flores”, un “jinete” y un “intermediario”. Cada uno de ellos expresa algo y estos “algos” constituyen el eje sobre el cual giran las conclusiones de los autores –sin olvidar una investigación previa– en cuanto a causas, condiciones de vida de los encuestados, relaciones familiares, condiciones morales, etc.

Sin dudas, como se señala en un texto adjunto titulado “Vergüenza sembrarás”, “…la depresión económica catalizó el fenómeno, pero la mala semilla existía antes”, lo que dudo es que “sus orígenes están en el hogar que se hace culto a la pacotilla”, aun cuando estos hogares tienen, como expresa el mismo texto, “una entrada económica solvente”.

La tendencia a la prostitución está condicionada por la formación moral de la persona, a partir de los valores morales predominantes en la familia, la cual está fuertemente condicionada por los valores morales que propone la sociedad, sin olvidar las condiciones económicas y sociales, que también imponen sus leyes.

Los 33 entrevistados son jóvenes con edades entre 18 y 25 años, lo cual significa nacidos entre 1968 y 1975, precisamente en los años en que se desataba una campaña para eliminar los “rezagos del pasado”. Y regresa hoy el mal nuevamente, como una recidiva, como mal lanzado contra una pared invisible, produciendo un rebote inevitable. ¿Dónde está el hombre nuevo? ¿Debería existir el hombre nuevo en Cuba? ¿Acaso el hecho de implantar un cambio político y social habría de provocar mutaciones genéticas en el hombre y la mujer cubanos? ¿Qué nos diferencia de otros pueblos y culturas: El status político, tener un sistema social marxista? Eso es un accidente. En esencia seguimos siendo como todos: seres humanos, hombres y mujeres, personas comunes. Ni más ni menos.

“Todos tenemos en la punta de los labios, dispuesto a darlo en cualquier momento, el beso de Judas”, dijo alguien cuyo nombre confieso no recordar, pero la sabiduría de esta sentencia sirve para reafirmar nuestra fragilidad y miseria, nuestra pequeñez e imperfección donde quiera que estemos. Considero que la bondad es inherente al ser humano, después, con el crecimiento, vendrán los intereses personales egoístas, las ambiciones desmesuradas, el placer irracional, la estimulación desatada, no estética, de los sentidos; todo ello entablará una lucha con lo opuesto: los intereses colectivos, la solidaridad, la fraternidad, la dignidad propia y ajena, el crecimiento no como animales racionales sino como seres humanos.

Hoy nos duele no solo la prostitución, también nos duele la violencia, el robo, la corrupción, el hastío, la inseguridad, nos duele, en las actuales circunstancias, la vida. Estos males emergen donde está el hombre y un entorno apropiado para ello; lo conveniente entonces es adecuar el entorno, transformar el contexto económico y social, y aún político, para ir eliminando todo lo que impide una vida más digna, una alimentación adecuada, una retribución salarial correspondiente a la realidad, para que el turismo extranjero sea precisamente eso, turismo, y no una bofetada humillante –por discriminatorio o por potenciador de vicios sociales– al rostro de los nacionales; para eliminar todo lo que hoy nos duele, para que no nos duela la vida, sino que la deseemos. Los males que padecemos hoy sirvan para recordarnos que estamos vivos, lo cual nos lleve a reflexionar que el efecto tiene una causa. Podríamos comprender mejor la creciente prostitución.

Muchos de los entrevistados “proceden de familias con una solvencia económica por encima de la media nacional”, afirma el trabajo de Rebelde, quizás sea este el caso de las “flores de la 5ª avenida”, pero no creo que sea el caso de las “flores” del Malecón, la Plaza de la Catedral o del Parque Central; pero ¿qué significa tener solvencia económica media o por encima de la media nacional?, ¿qué significa hoy tener un salario de 300 pesos o 400 pesos al mes? Es cierto que existe toda una estructura económica gubernamental establecida, legalmente respaldada, pero no es menos cierto que la realidad económica y social impone, sobre aquella, sus propias leyes de mercado, una “economía sumergida” –más bien como un iceberg, pues está a la vista de todos– que nos dice que con nuestra moneda podemos adquirir los productos subsidiados en los mercados oficiales, pero productos que no alcanzan ni cubren las necesidades alimenticias del cuerpo humano ; esta economía nos dice que es necesario tener dólares para adquirir el complemento de nuestra dieta; y esta economía, finalmente, nos dice que hoy, un dólar vale 90 pesos, que un salario de 300 pesos equivale a 3,3 dólares. Y esto afecta a todos por igual sin distinción académica.

¿Cómo juzgar a una madre que se prostituye para dar a su hijo de siete años la leche que se ha sustraído de su cuota mensual, si no tiene otra forma de conseguirla? No es para aplaudir, pero tampoco para apedrear. Por suerte, consuela saber que no todas acuden a la prostitución como única salida a las penurias económicas, asumen con admirable resignación la espantosa embestida del hambre.

Nuestra prostitución actual se define en una trama conformada por muchos elementos: complejidades psicológicas, valores morales, condicionamientos económicos, valores familiares, oportunismos, etc., etc. Así, unos ponen precio a lo que antes regalaban (recordar “El caso Sandra” aparecido hace varios años en la revista Somos Jóvenes); otros venden el cuerpo para alimentarse; no pocas, y no pocos, procuran la salida del país; y algunas, y algunos, persiguen obtener una vivienda, quedar “instalados”. Por otro lado, no todos los casos necesitan exhibirse en la vía pública, algunos lo logran desde su oficina o centro de estudios. Las condiciones existían, solo faltaba el turismo, la despenalización de la divisa y la aguda crisis económica. Nada es espontáneo.

Por suerte la prostitución sigue siendo minoritaria, aunque crezca un punto cada día. Una vez restablecidas las posibilidades económicas debe ir disminuyendo, así ocurrió en muchos países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, así ocurre en muchos países con una profunda crisis económica. Aunque cueste aceptarlo, me inclino a pensar que nunca desaparecerá del todo, porque es de esas lacras que acompañan a la humanidad desde su nacimiento. Habrá prostitución, como habrá pobres y delincuentes, mientras el hombre no se empeñe en vivir y asumir la ley del amor, como puede ser, por ejemplo, en nuestra cultura, el llamado hermoso e inquietante de Jesucristo, lo cual no significa precisamente (crear) una teocracia, sino una sociedad fraterna, con ideales trascendentes.

Mientras, sería provechoso no olvidar el pasaje bíblico: un grupo de fariseos le presentó a Jesús una mujer adúltera, debía ser apedreada pues así lo mandaba la Ley. Jesús, en cambio, dijo “el que esté libre de pecados que tire la primera piedra”. Cuenta el evangelio que, al oír aquello, comenzaron a irse todos, “empezando por los más viejos”. Los dejaron solos, al ver que ninguno la condenó Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelcas a pecar” (Jn. 8,1).

Es tiempo, efectivamente, de poner remedio al mal, “de atajar su extensión a tiempo”, pero no cortando las flores, sino mejorando el jardín.

(Palabra Nueva, Febrero de 1994)

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