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  • Orlando Márquez

LO ESTÚPIDO Y LO ESTUPENDO

Hace varios años, en 2006, tuve la oportunidad de ver un reportaje de la BBC donde aparecía el arzobispo anglicano Desmond Tutu presidiendo, en Irlanda del Norte, una extraordinaria reunión de reconciliación entre víctimas y victimarios del largo conflicto en aquella región. Allí, el religioso Premio Nobel de la Paz y fuerte crítico del apartheid en su país, recordó la pregunta que se habían hecho los sudafricanos tiempo atrás, cuando él presidía la Comisión de Reconciliación y Paz de Sudáfrica, creada en democracia tras el fin del apartheid: “¿Cómo pudimos ser tan estúpidos durante tanto tiempo?”. Como no soy lingüista opté por indagar para comprender mejor la pregunta. No fue difícil.

A pesar del uso peyorativo y bastante indiscriminado del término, la estupidez en muchas ocasiones es más bien reflejo de una incapacidad que de una voluntad. Su origen viene del latín stupere, condición de quedar aturdido o paralizado ante una situación inesperada o sorprendente. Ese aturdimiento denota la incapacidad para razonar o comprender la realidad y actuar de modo lógico y coherente, racional. Científicos sociales modernos coinciden al afirmar que la estupidez o acto cometido por un estúpido, lo es no solo por su irracionalidad o por causar daños a otros seres humanos, también porque las consecuencias de un acto estúpido tampoco benefician a quien lo comete.

Ciertamente la estupidez está asociada con la comunicación, la capacidad para escucharnos mutuamente y comprender la realidad de otro ser humano, de otra vida que coexiste con la nuestra. Sin esa capacidad de escucha, la estupidez triunfa.

El joven Leo Fernández acosado por una turba progubernamental durante las protestas del 11 de julio en La Habana.

Y sí, ciertamente, es lo mismo que vemos en el conflicto cubano desde hace mucho tiempo. Pero sobre todo en las últimas semanas. La incapacidad de las autoridades para responder racional y coherentemente a las demandas actuales de la ciudadanía, especialmente los jóvenes, los ha compulsado a cometer actos verdaderamente torpes, que no aportan beneficios para el país, ni para ellos mismos. Son actos estúpidos.

Ya no se trata de aquellos grupos de acción y sabotaje patrocinados o entrenados por la CIA, tampoco de una disidencia más o menos organizada en partidos o movimientos políticos pacíficos y con un líder visible y desafiante. Nada de lo anterior. Lo que vemos hoy es el parto naturalmente gestado de un movimiento autóctono cívico resultante de un engendro fallido, sin planes políticos concretos, pero con demandas existenciales muy claras: participación ciudadana independiente, demanda de interlocución con las autoridades, libertad plena para todos. Si aquellos primeros opositores violentos eran calificados como “mercenarios terroristas”, los segundos como “mercenarios vendepatrias”, estos últimos, la nueva generación sin entrenamiento político partidista pero conocedora de su derecho a una vida plena prometida y nunca vista, se les llama “confundidos al servicio del enemigo”.

Pero tanto para estos últimos como para los anteriores, la respuesta gubernamental es la única que puede dar el estúpido que usa y abusa del poder como un estupefaciente, y no le importa que sus actos dejen estupefactos al mundo por su torpeza: la violencia desproporcional e injustificada, la no escucha, el autoritarismo generador de pobreza, la acusación irracional, el incremento exponencial del daño social, la acumulación del odio, la brutalidad como prueba de triunfo, el uso de un sistema penal que deslegitima, la estupidez como acción política.

Responder con un ejercicio militar a la marcha por los derechos cívicos convocada para el 20 de noviembre, ya es un acto de torpeza política, si bien comprensible en la naturaleza de un gobierno que no puede permitir desafíos públicos de “ciudadanos confundidos”. Negar o impedir su celebracion, cosa muy probable, solo sirve para dejar al desnudo la naturaleza brutal, el acto bruto, torpe y estúpido, del desdichado incapaz de comprender que la repetición de su estupidez solo lo hunde más en el pantano. (1)

Pero lo que hacen los jóvenes convocantes de la marcha dentro de Cuba, es estupendo. Estupendo viene también de stupere, porque para los antiguos la torpeza podía provocar admiración y encantamiento. De ahí la derivación positiva actual para considerar un acto como estupendo, magnífico, extraordinario o digno de admiración. Por eso las imágenes de los jóvenes clamando libertad los días 11 y 12 de julio pasados, nos dejaron igualmente estupefactos.

Ojalá viéramos cada vez más el actuar estupendo, pacífico, positivo y magnífico de quien busca el encuentro con el otro para solucionar problemas y traer el bien al país, también por quienes ejercen el poder. Pero sabemos que difícilmente será así. El camino por recorrer es todavía largo y doloroso, porque el traje de la estupidez no se abandona fácilmente. Requiere fortaleza de la mente, grandeza espiritual, aceptación del otro, diálogo y voluntad de servicio.

Sin embargo, el actuar estupendo de los jóvenes puede ser contagioso, incluso para los menos jóvenes, los padres y los abuelos. Esos jóvenes son también hoy “la dulce esperanza de la Patria”, flores nacidas de un pantano. Quizás no lo sepan aún, pero serán recordados como aquellos que eligieron solo la razón, el encuentro con el otro, el actuar admirable y estupendo frente a la fuerza bruta, la torpeza y la estupidez.

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(1) Nota: En la versión original, este párrafo incluía el siguiente texto: "Pero ampliar después, comenzando este 10 de octubre y por diez días, un ejercicio militar para ahogar la nueva fecha del 15 de noviembre propuesta por los “confundidos” convocantes de la marcha cívica pacífica, solo sirve para dejar al desnudo la naturaleza brutal, el acto bruto, torpe y estúpido, del desdichado incapaz de comprender que la repetición de su estupidez solo lo hunde más en el pantano". Tras recibir un mensaje alertando de que esta información es falsa, una fake news aparentemente colocada en una cuenta falsa de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, retiré el texto anterior. Pido disculpas por reproducir una información no verificada.

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