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  • Orlando Márquez

Juntos arriba o juntos abajo

Estados Unidos se agita y la sociedad convulsiona. Hay luto real en muchas familias cuyos miembros han muerto de forma absurda a manos de la policía. Es un dolor que tal vez no sane nunca, porque para aceptar hay que comprender, y no se comprende la frialdad de la rodilla sobre el cuello, los disparos múltiples contra ciudadanos desarmados, delincuentes o no.

Pero con la muerte violenta de George Floyd, otras furias han despertado tras décadas de letargo. Todos aman a su país, pero algunos piensan que el país no es, o no ha sido, para todos. Las leyes son justas, no siempre su aplicación. El daño es profundo, hondo, llega tal vez hasta los orígenes. Puede decirse que es histórico, o cultural, pero las culturas no son estáticas, se enriquecen con cada generación, con lo bueno y con lo malo. La proporción de la dosis están en manos de los ciudadanos y sus líderes.

Todos tenemos un compromiso social con nuestro tiempo, lo que aportamos no lo aportó nadie antes que nosotros ni lo hará otro después de nosotros. Es como empezar de cero nuevamente sobre aquello que ya existía, sin borrar la historia, y sin pensar que no habrá mas historia después de nosotros. Porque no se puede rehacer la historia pasada, tan solo vivir la propia que escribirán otros.

Este es también tiempo para el oportunismo de políticos y oportunismo de subversores. Hay gente que espera la agitación y la amplifica, porque solo en esos ambientes medra y vive con placer. Es increíble el don de la libertad otorgado por Dios al hombre, sin límites, libres hasta para actuar de modo negativo. Pero también nos dio la capacidad para comprender la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal que elegimos, por eso necesitamos las leyes y el orden en la convivencia. Aunque la ley por sí sola no basta, como lo prueban los hechos.

Es necesario un esfuerzo mayor para aceptar que solo soy persona a medida que me reconozco en otra persona, que caigo cuando otro cae o lo hago caer, o me levanto cuando otro se levanta o le ayudo a levantarse. Soy tanto en cuanto tu eres, porque somos hijos de un mismo Padre. Y si alguien no cree en Dios, al menos no podrá negar que todos somos seres humanos.

Mientras escribía estas líneas, llegó la noticia de Patrick Hutchinson, un hombre de piel negra que protestaba el pasado 13 de junio en contra del racismo en Londres, cuando vio caer cerca el cuerpo golpeado de un hombre de piel blanca, quien aparentemente había quedado aislado de un grupo de supremacistas blancos que enfrentaba a los otros. El hombre blanco ya había sido golpeado, pero Patrick Hutchinson vio en él a un ser humano, no a un enemigo, y no lo pensó dos veces para correr hacia él y protegerlo, cargarlo sobre sus hombros y entregarlo a salvo a las autoridades. La impactante imagen, tomada por el fotógrafo Johnny Nguyen de la agencia Reuters, se hizo viral de inmediato. Pero más importante que la foto, lo que debe viralizarse es el gesto de Patrick Hutchinson. Ese es el mérito del que hablaba Jesús (Mt 5, 43-48).

Lo de la salvación eterna, depende de la Gracia de Dios, pero de salvarnos en este mundo depende solo de nosotros.

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