DISTOPIA: LA FASE SUPERIOR DEL SOCIALISMO CUBANO
- Orlando Márquez

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Actualizado: hace 1 minuto
En la amena biografía Karl Marx del escritor y periodista inglés Francis Wheen, que leí en Cuba hace varios años[1], el autor reproduce parte de una carta que Marx, meses antes de morir y pasando la enfermedad en el clima de Argelia, escribiera a su hija Laura Lafargue y donde narra un cuento árabe.
Un barquero está esperando, con su barquita, ante las agitadas aguas de un río. Un filósofo, que quería cruzar al otro lado, sube a bordo. Entonces se produce el siguiente diálogo:
FILÓSOFO: ¿Sabes algo de historia, barquero?
BARQUERO: ¡No!
FILÓSOFO. ¡Entonces has perdido la mitad de tu vida! ¿Has estudiado matemáticas?
BARQUERO: ¡No!
FILÓSOFO: Entonces has perdido más de la mitad de tu vida.
Apenas estas palabras habían salido de la boca del filósofo, cuando el viento hizo volcar la barca, lanzando al barquero y al filósofo al agua. Entonces,
BARQUERO: [gritando] ¿Sabes nadar?
FILÓSOFO: ¡No!
BARQUERO: Entonces has perdido toda tu vida.
Al parecer en abril de 1882, enfermo y débil, Marx había aceptado que la dialéctica y el materialismo que impulsaron casi todo su tiempo en este mundo, eran nada frente a la realidad de las leyes de la vida. Poco después se afeitó la barba y se cortó la erizada cabellera, regresó a Londres y murió.

Su heredero terrible Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin, si hubiera tenido pelos no se hubiera afeitado la cabeza ni reconocido error alguno en su obra práctica; dejó una estela de muertos que cruzó fronteras. Fue él, en un parafraseo de Marx, quien se atrevió a afirmar que “el comunismo, es la fase superior del socialismo”. Así, y porque sí; palabra de socialista y pitoniso “científico”. No lo vio.
Tampoco lo vieron sus sucesores al frente del Partido comunista de la Unión Soviética: ni Stalin, ni Krushev, ni Brezhnev, ni Andropov, ni Chernenko, ni Gorbachov. Mijail Gorbachov tuvo el valor de decir que el sistema no funcionaba y debía “humanizarse”. Aunque la idea original es del checoeslovaco Alexander Dubcek quien, desde su puesto como primer secretario del Partido comunista asumido en enero de 1968, habló de “un socialismo con rostro humano”, e impulsó unas reformas aprobadas antes para estimular la participación y libertad ciudadanas, reducir la centralización económica y abrir el mercado, sin renunciar a la hegemonía del Partido comunista. Aquel movimiento de reformas se conoció como Primavera de Praga. Los ciudadanos estaban felices y apoyaron las reformas. Los rígidos seguidores de Lenin que controlaban todo el socialismo soviético europeo, no estaban nada contentos y lanzaron una invasión con más de mil tanques y cientos de miles de soldados de los países del Pacto de Varsovia, sobre la hermosa Praga, el 21 de agosto de 1968.
Los soviéticos llevaron a Dubcek como “invitado” a Moscú. Allí le “convencieron del error cometido” y lo enviaron de vuelta. Poco después fue expulsado del Partido comunista y terminó en Bratislava como guardabosques guardado. Pero el mundo gira y la historia toma cursos inesperados: Dubcek regresó a la vida pública tras la “Revolución de Terciopelo” de 1989 y fue nombrado presidente de la Asamblea Federal hasta su muerte, en 1992.
Por esas fechas, ya el socialismo soviético europeo había desaparecido sin llegar a la fase superior soñada por Lenin, ni siquiera logró la fase socialista diseñada y descrita en el manual marxista-leninista. La naturaleza humana y la realidad social -la realidad que ahogó al filósofo del cuento- no contribuyeron.
El 23 de agosto de 1968, a miles de kilómetros de distancia de Praga, mientras presumía de no someterse a los soviéticos, Fidel Castro finalmente dejó a muchos socialistas cubanos y de otros países jirimiqueando, cuando escucharon su discurso ambivalente, en el que consideró la intervención sobre Praga como injerencia y defendió la injerencia como una necesidad de la lucha contra el imperialismo. El fin justifica los medios.
En el mismo año 1959, de visita en Estados Unidos, Fidel Castro respondió a un periodista que se afeitaría la barba cuando cumpliera su promesa de un buen gobierno. Fiel a su palabra murió sin afeitarse la barba. Casi setenta años después perdura el mal gobierno que sembró, donde medran oportunistas y una casta de descendientes históricos, sobre un pueblo carente de casi todo.
Habiendo sido tal vez uno de los discípulos más fieles a Lenin, ejecutó las instrucciones de “El Estado y la Revolución” con astucia sacerdotal para el nuevo culto religioso, y agregó los ingredientes de su personalidad desbordada, totalizadora y obstinada, delirante y trastornada. La misma que con cinismo descontrolado le llevó a afirmar, contra toda lógica y tras el derrumbe del soviet europeo, que el destino había dado a Cuba la histórica misión de mantener su socialismo fidelista y de rostro poco humano.
Y aquellos delirios trajeron la estúpida continuidad de hoy. Cuba ha alcanzado, gracias a tanta insania, la fase superior del socialismo fidelista: pobreza y distopía palpable. Una pobreza y destrucción como no se habían visto desde el fin de la guerra de independencia de 1898. O peor, pues aquella era una pobreza con esperanzas en la nueva república, y esta es una pobreza de pantano represivo: sin esperanzas, sin sueños, sin aspiraciones.
Claro, “el bloqueo…” Cuando Barack Obama tendió la mano le tiraron la puerta en la cara, espantados de las ofertas que se presentaban y amenazaban el control. Y en 2015, cuando preguntaron al candidato presidencial Donald Trump sobre el acuerdo alcanzado por Obama con Cuba, dijo que no estaba mal pero que él lo habría hecho mejor. ¿Lo estará intentando ahora? Si así fuera, ojalá sea para bien.
O tal vez, con sus presiones a fondo, el gobierno de Estados Unidos actúa como un doctor Kevorkian no invitado que asiste en el suicidio a un régimen agonizante, suicida indirecto por homicidio insistente al haber matado todas las libertades individuales y sociales necesarias para el crecimiento personal y nacional. El socialismo fidelista cubano ha mostrado su distopía, alcanzando así su fase superior en la autodestrucción por destruir todo aquello que fue una vez ilusión, sueño y creación.
La utopía fue desterrada y solo la distopía saludará a su creador en su centenario. Pero la barca se ha volcado y el barquero encontrará la orilla.




MUY CULTO, UN TANTO LAAAARGOOOO !
PERO , -- EL AUTOR--NUNCA HA COMDENADO AL MARXISMO CUBANO,POR LAS CLARAS.........
?? NOSTALGIA ??