EL FUSIL O LA MANO TENDIDA: LO QUE PASÓ Y DEBERÍA PASAR
- Orlando Márquez

- hace 7 horas
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Tras las manifestaciones del 11 de julio de 2021, el cantautor Silvio Rodríguez pidió al gobierno cubano dialogar con los jóvenes y escuchar todas las voces. No le hicieron caso. Hace unas semanas pidió un fusil por si el ejército de Estados Unidos "se lanza" sobre la isla, y lo recibió de inmediato. En las fotos se le ve alegre, empuñando el arma para defender a una casta dictatorial que se niega a escuchar a la poblacion. No se debe ignorar la casi total ineficacia del fusil en tiempo de drones. Yo prefiero -como él ha cantado- que muera como vivió: bien.
Ese "si se lanzan" me recordó a Rolando “Roly” Molina. Conocí a Roly y a sus hermanos en el grupo de jóvenes católicos de Marianao a finales de los años setenta. Ellos habían intentado una salida ilegal del país remando hacia Estados Unidos. No llegaron a usar los remos ni a tocar el agua, pero fueron detenidos y sancionados. Roly, el mayor, fue condenado a diez años de prisión. Lo conocí tras su liberación.
Con su natural y contagioso sentido del humor, Roly me contó que durante un interrogatorio en prisión —intentaron acusarlo de pertenecer al grupo “Alpha 66”, al igual que a su hermano Fernando— el oficial del caso le espetó: “¿Ustedes creen que con tiritos y papelitos van a tumbar esta Revolución? ¡No coman mierda! Aquí los únicos que pueden acabar con esto son los rubios de la base de Guantánamo. Si los yanquis abren esa puerta y entran, no paran hasta el cabo de San Antonio”.

El surrealismo de la frontera
Pero nunca entraron. O al menos, no por la fuerza. Pocos recuerdan o conocen que, desde inicios de la última década del pasado siglo, se iniciaron encuentros específicos entre oficiales norteamericanos de la base de Guantánamo y oficiales de la brigada de la frontera cubana. Durante la crisis de los balseros, en 1994, se estableció una línea física de contacto directo entre las partes que debe ser aún operativa. Desde 1995 se hicieron regulares los encuentros, cada tercer viernes de mes, alternando el lugar de reunión a cada lado de la cerca. No eran citas políticas, sino logísticas, para asegurar la estabilidad del territorio.
Con el tiempo y el respeto mutuo, los encuentros se ampliaron a ejercicios conjuntos para emergencias, como atención médica urgente o evacuaciones en la zona. En enero de 2002, bajo el gobierno de George W. Bush, llegaron los primeros detenidos de la guerra contra el terrorismo, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. La oficialidad de la base había informado a la parte cubana que la llegada de más soldados no debía tomarse como una amenaza, pues llegaban para custodiar a los prisioneros. Los militares cubanos agradecieron la información, ofrecieron cooperación sanitaria de ser necesaria y prometieron devolver a cualquier detenido que intentara escapar hacia territorio cubano.
Por aquellos días visité Guantánamo para reunirme con el entonces obispo Carlos Baladrón (EPD). Él me contó de la perplejidad de los guantanameros cuando vieron los vehículos militares norteamericanos atravesando la ciudad hasta llegar al hospital provincial “Agustino Neto”, por si fuera necesario usarlo si las capacidades sanitarias de la base fueran superadas. Pocos días después, una delegación cubana visitó el hospital de la base. Quizás alguien conserve un ejemplar del periódico Venceremos con la nota sobre la visita. Fue un acto surrealista entre dos países declarados enemigos que solo la prensa local reportó.
El estilo del "capitalista" y la vocación de Cuba
Con el actual presidente de Estados Unidos —quien afirma haber situado a Cuba en su lista de "soluciones" políticas y actúa de modo impredecible— es difícil saber si "los rubios" entrarán en uniforme o con la mano extendida. Apuesto por la negociación.
En el fondo, lo que Donald Trump sugiere es la versión agresiva del intento moderado de Barack Obama por acercar a las dos naciones. Son estilos distintos: nunca oímos a Obama —ni a ningún presidente anterior— decir que podía “hacer con Cuba lo que quisiera”, como si fuera una propiedad personal. Cuba es una nación independiente, ciertamente aniquilada por quienes ostentan el poder, pero con una historia y una capacidad creadora inmensa: una llama siempre viva bajo el peso de las cenizas.
Tiene una “vocación universal”, como dijo san Juan Pablo II, que se ha demostrado a lo largo del tiempo. Merece recordarse el gesto de 1781, cuando las damas de La Habana recaudaron en solo seis horas, entre donaciones de joyas y otros valores, 500 mil pesos españoles, equivalente hoy a entre 50 millones y 150 millones de dólares (según se calcule) para el agotado ejército de George Washington. Aquella ayuda permitió la decisiva victoria de Yorktown y la independencia de los Estados Unidos. Sí, los criollos cubanos, y las autoridades españolas en La Habana, ayudaron a crear esta gran nación.
Un país de rodillas
Hay cierta lógica en la expresión del presidente Trump de “hacer lo que quiera”; no es la lógica del político, ni la de un cruzado de la democracia, sino la del capitalista que busca dar el remate final al competidor para despojarlo de todo. Lo que el apócrifo presidente de Cuba llama “nuestro sistema social”, es un modelo social antisocial y, por el mismo hecho, infame, que mantiene al país de rodilla, exhausto: ahí busca la ventaja el presidente Trump. Se dice rápido y duele lento.
Desde la visita de san Juan Pablo II hasta la del papa Francisco, el mundo se acercó a Cuba, pero el bloqueo interno se impuso, optando por las migajas ocasionales. El gobierno no "perdió" oportunidades; las desechó deliberadamente para mantener el control. Pero si la población está agotada, el gobierno y sus argumentos también lo están. No hay razón humana para explicar una política inhumana que provoca y mantiene un empobrecimiento deliberado, o la incapacidad para reconocer y corregir -no solo de palabras- los graves errores.
Pasará lo que no se sabe; y lo que pase deberá ser mejor que lo pasado. El pragmatismo de los militares alrededor de la base debe ser practicado por los civiles. Tras tanta desolación material y espiritual habrá que reconstruir la nación. No faltará ayuda externa a la buena acción interna, pero solo gente sensata y respetuosa del decoro propio y ajeno, debería liderar el renacimiento del país.




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