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  • Foto del escritorOrlando Márquez

ROMA BIEN VALE UNA FOTO Y PARIS UN DISCURSO FARISAICO

La Santa Sede había adelantado que la visita del presidente del gobierno cubano al Papa sería de “cortesía”. La Santa Sede no invita presidentes o primeros ministros. Muchas personas no saben que es costumbre y tradición, para los jefes de Estado que viajan a Italia, reservar en su agenda una “visita de cortesía” al Papa. Obviamente, no han faltado quienes buscan cualquier pretexto para ir a Roma y tener su foto con el Papa.

Puede que alguno se salte la tradición, pero la mayoría anhela una foto con el Sumo Pontífice de la Iglesia, también los gobernantes cubanos. Es mediático, creen que produce buen efecto hacia dentro y hacia fuera del país.

Foto: @VATICAN MEDIA

Pero una reunión que se prolonga por más de treinta minutos y sin necesidad de traductor, hace pensar en un encuentro algo más que simbólico. Los papas no suelen profundizar en temas sensibles de las realidades nacionales cuando se reúnen con los presidentes, eso corresponde al secretario de Estado de la Santa Sede cuando los recibe inmediatamente después de las reuniones con el Santo Padre. El secretario de Estado actual es el cardenal Pietro Parolin.

Pero con el estilo personal de Francisco, y su intervención de hace varios años en favor del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, es posible que sí haya expuesto ciertas consideraciones personales sobre el asunto cubano.

El papa debe estar bien informado de lo que ocurre en Cuba, para eso están los obispos y el nuncio. Eso no significa esperar que sea él quien resuelva los problemas del país. Tanto san Juan Pablo II, como después Benedicto XVI y ahora Francisco, de algún modo han hecho llamados al gobierno cubano por el bien de los ciudadanos. Basta buscar en las homilías y discursos pronunciados durante sus visitas pastorales a la Isla.

Pero los gobernantes cubanos son duros de oídos, o al menos eligen ignorar aquello que afecta sus intereses o el control que ejercen en la vida nacional. Cuando visitó Roma en 1996, después de reunirse con san Juan Pablo II, pasear por los museos vaticanos y la Capilla Sixtina, Fidel Castro dijo en una comida con la curia que se iba de Roma mejor que como había llegado; solo él, como gobernante único que restringió por décadas las libertades generales de los ciudadanos, sabía el significado de sus palabras, pero en la vida nacional no se percibió su supuesta transformación espiritual. Raúl Castro por su parte, años después, hablando de sus buenas relaciones con el papa Francisco, manifestó que estaba pensando hacerse católico; claro que de la fe íntima de las personas nada sabemos, pero en el ámbito del país, más allá de aceptar y hasta promover la participación de la jerarquía eclesiástica en un momento y tema concreto de la vida nacional, mantuvo sobre la Iglesia católica los mismos controles ejercidos desde siempre y paró en seco el diálogo cuando percibió que ya comenzaba a ser molesto.

De Miguel Díaz-Canel, tal vez por ser menos original, no sabemos los sentimientos provocados por el tratamiento recibido del Papa, la Curia y los más de dos mil años de Iglesia que se respiran en el interior de las estructuras vaticanas. Pero al menos en su tweet dijo que él y Francisco, hablaron de “seguir fortaleciendo los nexos entre la Santa Sede y Cuba”. Y esto sí es relevante porque revela, una vez más, como concibe el gobierno cubano las relaciones con la Iglesia. Los gobernantes cubanos privilegian sus relaciones con la Santa Sede y no dan igual importancia a sus relaciones con los obispos de la Isla, al menos no en el modo que corresponde si saben -porque lo saben- que la razón de una embajada de la Santa Sede en La Habana es mostrar la unidad del Papa con la Iglesia que vive en el país, sus pastores, sus sacerdotes, sus religiosos y religiosas, y los fieles laicos que quieren vivir su fe en medio de la sociedad cubana y no son aceptados como debieran serlo.

Una foto alegre con el Papa en Roma, mientras se mantiene restringida la libertad religiosa plena en la Isla y se ignora una y otra vez el reclamo de los pastores cubanos, quizás no pase de ser otra foto para el muro de las falsedades. Ojalá lo conversado diera frutos concretos. Ojalá supiera interpretar el regalo que le presentó Francisco: una obra de arte de bronce que representa una paloma portando una rama de olivo, con la inscripción “Sean mensajeros de la paz”.

Por otro lado, la única parte salvable del discurso del presidente cubano en París al participar en la Cumbre sobre el Nuevo Pacto Financiero Internacional, debería ser leída ante el pleno del Buró Político cubano, o ante la Asamblea Nacional o hasta en una sobremesa dominical de la familia presidencial.

Después de haberse aprobado -y maniatado- hace más de diez años el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, cuando Cuba se ha convertido en un país en fuga, donde la pobreza y carencias alcanzan niveles no vistos antes, y el presidente responde a los reclamantes que pueden llegar a él con un simple “no-tenemos-recursos”, el designado presidente debería tomarse un poco más en serio y repetirse a sí mismo y a sus camaradas lo que leyó en París: Ha llegado el momento de enviar un mensaje político claro que renueve nuestro compromiso colectivo de aplicar la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible […] No pasemos a la historia como los líderes que pudimos marcar la diferencia en el destino común y fuimos incapaces de lograrlo. No ignoremos las alertas, no subestimemos las urgencias. Actuemos con sentido de especie en peligro de extinción. Actuemos con sentido de humanidad.”

Quizás, antes de montar el avión prestado que lo regresó a la mansión prestada en La Habana, ya había olvidado lo que leyó. Roma y París dejan al desnudo el fariseísmo desquiciado que gobierna en Cuba. Da igual, fue otra misión cumplida. Pero ya es cosa del pasado, ahora debe buscarse un lugar para las fotos en el muro de las falsedades.

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